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CAPACIDADES Y APTITUDES SOBRESALIENTES

¿Quiénes son los niños sobresalientes?

Al escuchar la palabra sobresaliente imaginamos  a un "niño genio", aquel que saca buenas calificaciones, que sabe de todo, que es muy inteligente, que le encanta leer y pasa horas frente a la computadora, él consentido del maestro, aquel que se aburre en la escuela por que ya lo sabe todo, que busca amigos más grandes que él ya que se aburre con los niños de su edad.

En la Guía para la Atención Educativa  a los alumnos y alumnas con sobredotación intelectual encontramos las siguientes características:

  • alta productividad
  • originalidad
  • ingeniosos
  • novedosos
  • resuelven problemas fácilmente
  • dedicación y alto rendimiento en áreas de su interes
  • observadores
  • abiertos
  • sensibles
  • perseverantes
  • críticos
  • exactos
  • independientes
  • maduros
  • rápidos

Quizá si le preguntaramos  a un niño sobresaliente cómo se siente y como se vive, nos diria "cómo alguien normal", esto es por que esa es su forma de aprender y acercarse al mundo, para él no resulta extraño su comportamiento.

un ejemplo es la historia de Luis Arroyo Colón:

El pequeño detalle de ser un genio

Por Ruth Merino / mailto:rmerino@elnuevodia.com

Cuando la gente le pregunta a Luis Arroyo Colón cómo se siente, se impacienta. Mueve la cabeza, como diciendo: "¿Qué pregunta es esa?".

Él se siente bien, gracias. Normal.

Sí, entró en el Recinto Universitario de Mayagüez a los 11 años para estudiar un bachillerato en Física. Y sí, se acaba de graduar, a los 16 años, cumplidos en marzo, con 4 puntos. Y sí, tiene un coeficiente intelectual de 154 puntos, lo cual significa que le sobran méritos para pertenecer a Mensa, organización que agrupa a personas sobresalientes del mundo entero.

"La gente que tiene inteligencia sobre el promedio llevan vidas normales, estables"

Pero Luis le resta importancia a tan brillante resultado. La prueba, dice, "más bien mide rapidez de pensamiento y buena memoria y no inteligencia como tal".

En su mundo, en el mundo de un muchacho que aprendió a leer solo antes de los 3 años, todo lo que ha logrado es, pues, normal.

Entrevistado en su cómoda y acogedora casa de dos niveles en Moca, Luis cuenta que en agosto regresará al RUM para estudiar la maestría en su campo. El doctorado y los estudios de derecho también figuran en sus planes.

Nada de esto sorprende a sus padres, Ildeisabel Colón y Luis Arroyo, y a sus demás familiares. Después de todo demostró intereses poco comunes desde muy temprano.

Cuando tenía apenas un año y medio, "le encantaban los estados de cuenta del banco y miraba los números, como si los estuviera estudiando", dice su mamá, quien se graduó de contabilidad de la Universidad Interamericana, pero se ha dedicado exclusivamente a su hogar desde que se casó.

Ni ella ni su esposo, quien trabaja en el Correo, entendían qué extraña atracción ejercían sobre él esos documentos. En todo caso, a los 3 años, el nene, calculadora en mano, empezó a chequear las cifras de los estados de cuenta, dice ahora ella riéndose. A esa altura, sin embargo, sus padres ya estaban empezando a acostumbrarse a la idea de que era un chico fuera de lo común.

"Aprendió a leer como a los dos años. Él cogía una enciclopedia vieja y miraba las páginas, pero yo no sabía que estaba leyendo. Luego, como a los 3 años, leía la prensa y hacía comentarios en voz alta cuando iba sentado en el carrito del supermercado y la gente se nos quedaba mirando como rara", dice la madre. Afirma que ni ella ni los demás parientes de Luis le dan "color" al asunto. A veces ella le quitaba los libros para que no leyera tanto y se comportara más de acuerdo con su edad.

Decidió matricularlo en un pre kinder, a los 3 años, precisamente para que "se copiara de los demás niños". Y no le dijo a la maestra que ya sabía leer para que "no se prejuiciara contra él", pero Luis se delató a sí mismo. Mientras su mamá y la maestra hablaban, encontró un manual del Servicio de Bomberos y empezó a leerlo en voz alta.

"¡Ay, Virgen, ya sabe leer!", exclamó la maestra. Y añadió: "Eso es un problema porque me distrae al grupo".

Un año más tarde, en kinder, contradijo a la maestra cuando ella señaló que la conmemoración del Día de Washington era una "fiesta". Cuando el chico ofreció una minicharla sobre el héroe de la independencia de Estados Unidos, fue expulsado del salón. Tenía cuatro años. Seis años después cogió el examen para graduarse de escuela superior.

¿Su experiencia como universitario de 11 años?

"Algunos me daban dulces para que los ayudara en problemas de Física", dice riéndose. "Yo a veces les daba las respuestas equivocadas y ellos no se daban cuenta... Algunos creían que podían aprender las fórmulas y con eso resolvían. Pero la Física no es por botella, tienes que entenderla". Sus compañeros, que lo apodaban "Shamu", lo sobornaban con dulces porque los consumía en abundancia. El resultado fue que llegó a pesar 240 libras. Hace dos años, sin embargo, comenzó a cambiar sus hábitos alimentarios. Hoy, con 160 libras, luce una figura esbelta. Obviamente ya no pueden llamarlo "Shamu". El se ríe y se encoge de hombros. Ese tema no le llama la atención. Sí le interesa hablar sobre sus investigaciones de Física, el panorama informativo actual, su filosofía de vida y sus exhaustivas lecturas.

Lee vorazmente, apasionadamente, interminablemente. Lee caminando, subiendo y bajando escaleras, sentado en el piso de una librería, mirando televisión o trabajando en la computadora.

¿Cuánto te demoras en leer un libro, digamos de unas 500 páginas?

"Bueno, yo leo rápido, quizás me demoro un día... Pero a veces estoy leyendo más de un libro a la vez, y entonces me demoro más", explica.

Tiene excelente memoria y una curiosidad extraordinaria. Todo le interesa. Comenta la masacre de Haditha, en Irak, para luego señalar que en Vietnam ocurrió una tragedia similar en My Lai. Y a continuación menciona al teniente William L. Calley, líder de la patrulla que mató a civiles en Vietnam y fue enjuiciado por eso.

Su conversación es ágil, inquieta, orientada a desmenuzar una idea o un hecho particularmente interesante. Cuando habla sobre los grandes hombres de ciencia lo hace con una mezcla de buen humor y admiración. Newton, Euclides, Galileo no son para él figuras acartonadas de la historia, sino hombres de carne y hueso con sus peculiaridades y debilidades.

La pasión por la lectura no se extiende a las novelas, sin embargo. Cuando se le pregunta si leyó El Código Da Vinci, dice que no. Tampoco ha visto la película. Pero sí vio "Good Will Hunting", que relata la historia de un genio de las matemáticas.

"Pero presentan al genio como un ser traumatizado. ¿Por qué? La gente que tiene inteligencia sobre el promedio llevan vidas normales, estables", comenta.

Le gusta el programa de televisión "Criminal Intent", de la serie de "Law and Order", y "Seinfeld". Refiriéndose al primero dice: "Pero en cuanto veo los primeros cinco minutos, sé quién es el asesino".

Añade que le llaman la atención los manerismos de Vincent D’Onofrio, el actor que encarna al detective Goren. Imita a la perfección los gestos exagerados de D’Onofrio, inclinándose, extendiendo el brazo y cambiando la expresión de su rostro. Su hermano Víctor, de 12 años, sentado en el sofá, se muere de la risa observándolo.

Al comienzo de la entrevista, Luis había dicho que le interesaba hablar también sobre su filosofía de vida. Cuando se le pide que la resuma, reflexiona por unos instantes: "Lo más importante para mí es lo que Jesús les dijo a los apóstoles... ‘Ama a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo’".

Pero a continuación añade: "Eso es lo que muchos dicen... y a veces es pura hipocresía, pero cuando se siente de verdad, pues es un mensaje importante y es el principal".

 

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